Por qué hablo cuando no tengo que hablar
Pues la verdad es que no sé por qué
hablo a troche y moche día y noche.
¿Serán las ganas que tengo de acabar?
No lo creo, pues no es motivo para no callar.
¿Serán los malos nervios los que me
hacen hablar hasta casi reventar?
Puede ser, no suelen faltar.
¿Será que los profesores no me hacen caso?
Me parece que ese no es el caso.
¿Serán mis compañeros que no paran de gritar?
No, entre gritos, yo a callar.
¿Será todo junto por lo que no dejo de hablar?
Exactamente, así que, ahora mismo, a callar.
Unai Arévalo Olasagasti