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PEQUEÑA GUÍA PARA EDUCAR A UN HIJO

DIARIO VASCO 22/07/2009

Pequeña guía para educar a un hijo

De 0 a 2 años

Masajes: Después del baño o cuando se tiene un momento de tranquilidad, es conveniente realizar masajes que estimulen los músculos del niño, favorezcan su crecimiento psicomotriz y ayuden a desarrollar el sentido del tacto. Deben realizarse una vez al día y en los bebés prematuros, por lo menos, tres.
Cómo hablarles: Con un tono de voz alto, modulando despacio y con claridad, usando vocablos y frases cortas, repitiendo correctamente las palabras que los niños suelen pronunciar de cualquier manera. No conviene abusar del uso de diminutivos ni emplear 'lengua de trapo'.
Pesadillas: Aparecen hacia los ocho meses, cuando el niño empieza a desplazarse autónomamente. Nacen de la inseguridad. Es importante tranquilizarlo de forma inmediata, para que concilie el sueño enseguida.
Que no rompan nada: Antes de los dos años, no hay que permitirles que destruyan de forma deliberada sus cosas, o que las ensucien adrede. A los dos, ya deberían ayudar a recoger sus juguetes.
Relación con los demás niños: Hacia los 20 meses, ya comprenden que los actos que dañan a los otros están prohibidos. Hay que dejárselo bien claro.
Que note las diferencias: Si habitualmente queda al cuidado de una 'canguro', es conveniente que los padres se reserven ciertas actividades como bañarle, darle de cenar y sobre todo acostar al niño cada noche.

De 3 a 6 años


Hábitos alimenticios: Si no desea comer, no hagamos una tragedia ni le hagamos un menú distinto. Eso sí, no le permitamos ingerir nada hasta que llegue la hora de la próxima comida.
Que se haga responsable: A partir de los 3 años, deberían asumir tareas domésticas, como la de ayudar a poner la mesa o vaciar los cestos de papeles.
Primera rabieta: Se ha de responder con calma, pero con determinación. El niño no puede conseguir lo que se propone. Hay que enseñar a los críos a dominarse y a controlar los enfados.
Angustias: Durante el tercer y cuarto año, pueden sentir miedo a estar solo, a la oscuridad, a los insectos, al médico o a las tormentas; en el quinto y sexto, los temores pueden aflorar por criaturas imaginarias, ya sean monstruos o fantasmas. También pueden tener miedo a la muerte, especialmente a la de la madre, y esto se manifiesta con insomnio severo. Para contrarrestar las angustias, hay que transmitirles seguridad, cariño, no burlarse nunca de ellos y, en casos extremos, acudir a un psicólogo.

De 7 a 12 años


Que no sea sumiso: Es normal que los niños quieran complacer a los padres al cien por cien, pero esa postura no debe alargarse más allá de los 10 años, ya que se está anulando su sentido crítico. No debe confundirse la mansedumbre con el respeto.
Sin infantilismos: No hay que esconderles ni el dolor ni la muerte. Y fomentar el sentido del humor. El buen tono y relativizar los problemas es esencial.
Álbum: Todos los niños deberían tener un libro de fotos de su vida con breves anotaciones. Les ayuda a tomar conciencia de su evolución.

De 13 a 18 años


Salidas nocturnas: Sobre los 14 años, si es responsable y lo demuestra, conocemos a los amigos con quienes sale, los sitios donde va a estar y tenemos teléfonos para localizar a su cuadrilla, se le puede dejar salir hasta las once de la noche. Cada año, se irá sumando una hora y media más (a los 16, se le permitirá salir hasta las dos de la madrugada; a los 17, hasta la tres y media...).
Ante el acoso escolar o 'bullying': Los padres deben recordar la necesidad de actuar (ya sea directamente o denunciando los hechos) y hacerles ver que la indiferencia implica complicidad y culpabilidad.
Ternura: Es positivo decirles que se les quiere, darles besos (aunque no les guste) y abrazarlos. No hay que romper los lazos de afectividad, por muy ariscos que se hayan vuelto los hijos.
Predicar con el ejemplo: Los padres deben mantener las decisiones que toman, saber rectificar y pedir perdón cuando han cometido un error.
Libertad a la hora de elegir una carrera: El joven no debe ceñirse a las demandas del mercado, hay que escoger vocacionalmente lo que se desea. De ello, junto con el acierto en la pareja, depende en gran parte la felicidad a lo largo de la vida.

 



 

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